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Propósitos de Año Nuevo: una mirada desde la lógica y la psicología

 

Por Dra. Elizabeth Mora 
MSc. M.A.

Cada inicio de año llega cargado de listas, metas y promesas personales. “Este año sí”, nos decimos. Comer mejor, ahorrar, sanar vínculos, crecer profesionalmente, cuidar la salud mental. Sin embargo, pasado enero, muchos de esos propósitos se diluyen entre la rutina, el cansancio y la vida misma.

¿Por qué ocurre esto? ¿Es falta de disciplina o hay algo más profundo detrás?

La psicología y la lógica nos ofrecen respuestas valiosas.

El error más común: confundir deseo con plan
Desde la lógica, un propósito no es solo una intención bonita, es una decisión acompañada de estructura.

Desde la psicología, sabemos que el cerebro necesita claridad y realismo para sostener un cambio.
Decir “quiero ser una mejor versión de mí” suena inspirador, pero es demasiado abstracto. El cerebro no sabe qué hacer con eso.
 En cambio, decir “voy a caminar 20 minutos tres veces por semana” es concreto, medible y posible.

 La mente funciona mejor con acciones claras que con ideales difusos.
La trampa del “todo o nada”
Muchos propósitos fracasan porque se construyen desde una lógica extrema:

Todo perfecto o nada.
Cambio radical o abandono total.
Desde la psicología cognitiva, esto se llama pensamiento dicotómico, y suele sabotearnos. Fallar un día no invalida el proceso, pero nuestra mente muchas veces lo interpreta así: “ya fallé, no sirve”.

El cambio real es gradual, imperfecto y humano.

La motivación no es suficiente
Esperar estar motivados todo el tiempo es poco realista. 
La motivación sube y baja.
Lo que realmente sostiene un propósito es la coherencia, no el entusiasmo.

La psicología del comportamiento nos enseña que los hábitos se construyen más por repetición que por ganas.

La lógica lo confirma:

 pequeñas acciones constantes generan resultados sostenibles.

No necesitas ganas todos los días, necesitas un sistema que funcione incluso cuando no las tengas.

Propósitos alineados con tu momento vital

No todos los años son iguales, y no todas las metas sirven para todas las etapas.

Desde la psicología, es clave preguntarse:

¿Desde dónde estoy eligiendo este propósito?

¿Desde la culpa, la presión social o desde el autocuidado?

¿Este objetivo responde a mis necesidades reales o a expectativas ajenas?

Un propósito sano nace del autoconocimiento, no de la comparación.

 A veces el verdadero propósito no es hacer más, sino exigirse menos.

El rol de la autocompasión en los cambios duraderos
Contrario a lo que muchos creen, ser duros con nosotros mismos no nos hace más efectivos.
La evidencia psicológica muestra que la autocompasión favorece la constancia, reduce la ansiedad y mejora la adherencia a los cambios.
Hablarte con respeto, reconocer avances pequeños y permitirte errores no es debilidad: es inteligencia emocional.

Entonces… ¿cómo plantear propósitos más reales?

Algunas claves prácticas:

Que sean específicos y alcanzables
Que se adapten a tu realidad actual
Que prioricen procesos, no solo resultados
Que incluyan flexibilidad y revisión periódica
Que estén conectados con tu bienestar emocional.

Tal vez este año el propósito no sea “lograr más”, sino vivir con más conciencia.

No correr detrás de ideales inalcanzables, sino caminar a tu ritmo, con dirección y sentido.

Porque crecer no siempre es cambiarlo todo, a veces es entenderte mejor y tratarte con más respeto.