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¿Por qué Donald Trump quiere Groenlandia?

 

NEW YORK: La reciente operación militar de Estados Unidos en Venezuela, que culminó con la captura de Nicolás Maduro, no solo marcó un punto de inflexión en la política hemisférica, sino que también reavivó viejas aspiraciones del presidente Donald Trump en materia de política exterior. Entre ellas, su insistente interés en que Washington asuma el control de Groenlandia, un territorio autónomo bajo soberanía de Dinamarca.

Tras la demostración de fuerza militar en Caracas, el discurso de Trump sobre Groenlandia adquirió un tono más contundente, generando tensiones con Europa y, particularmente, con Dinamarca, aliada histórica de Estados Unidos dentro de la OTAN. La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, reiteró esta semana que la posición de su gobierno es invariable y que Groenlandia ha expresado en reiteradas ocasiones que no desea formar parte de Estados Unidos. Incluso advirtió que una acción de fuerza podría poner en riesgo la continuidad de la alianza atlántica.

¿Por qué es tan importante desde el punto de vista estratégico?

Groenlandia es la isla más grande del mundo, con una extensión de 2.16 millones de kilómetros cuadrados. Antigua colonia danesa, hoy goza de autonomía política y administrativa, aunque sigue formando parte del Reino de Dinamarca. Es el territorio menos densamente poblado del planeta, con cerca de 56 mil habitantes, en su mayoría de origen inuit, concentrados principalmente en la costa occidental. Su capital, Nuuk, refleja esa realidad: pequeñas comunidades costeras rodeadas por un entorno extremo y mayoritariamente cubierto de hielo.

Más allá de su geografía inhóspita, Groenlandia posee un valor estratégico clave. Está situada entre América del Norte y Europa, sobre la llamada brecha GIUK —el corredor marítimo entre Groenlandia, Islandia y el Reino Unido— que conecta el Ártico con el Atlántico Norte. Además, alberga importantes yacimientos de petróleo, gas y minerales de tierras raras, recursos cada vez más codiciados en un contexto de competencia global, especialmente frente al dominio chino en ese sector.

El deshielo progresivo del Ártico, acelerado por la crisis climática, podría facilitar tanto la explotación de estos recursos como la apertura de nuevas rutas marítimas, aumentando aún más la relevancia geopolítica de la región. Aunque Trump ha minimizado públicamente el valor de los minerales groenlandeses, insistiendo en que el interés estadounidense responde exclusivamente a razones de seguridad nacional, figuras clave de su entorno han señalado lo contrario. En enero de 2024, su entonces asesor de seguridad nacional, Mike Waltz, afirmó que el atractivo de Groenlandia radica precisamente en sus recursos naturales críticos.

¿Qué tiene que ver Venezuela?

La conexión entre Venezuela y Groenlandia quedó aún más clara tras la captura de Maduro. Un día después del operativo, Trump reiteró que Estados Unidos “necesita Groenlandia” por motivos estratégicos, declaraciones que fueron respaldadas por el subjefe de gabinete de la Casa Blanca, Stephen Miller. El mandatario aseguró que la isla está rodeada de presencia rusa y china, y sostuvo que Dinamarca no cuenta con la capacidad para garantizar su seguridad.

No es la primera vez que Trump plantea esta idea. Durante su primer mandato exploró abiertamente la posibilidad de comprar Groenlandia, iniciativa que fue rechazada de plano por las autoridades locales. Sin embargo, en diciembre de 2024 volvió a insistir, afirmando que la propiedad y el control del territorio son “una necesidad absoluta” para la seguridad nacional estadounidense.

La OTAN se opone

La posibilidad de que Washington recurra a la fuerza para hacerse con Groenlandia ha generado alarma en Europa. Frederiksen fue tajante al advertir que un ataque de Estados Unidos contra otro miembro de la OTAN supondría una ruptura sin precedentes de la alianza y del sistema de seguridad construido desde el final de la Segunda Guerra Mundial.

Los líderes de Francia, Alemania, Italia, Polonia, España, Reino Unido y Dinamarca expresaron su respaldo a Copenhague y a Groenlandia, subrayando que el futuro del territorio debe decidirse exclusivamente entre Dinamarca y su población. En una declaración conjunta, reafirmaron que la seguridad del Ártico es una prioridad colectiva de la OTAN y que los aliados europeos están reforzando su compromiso en la región.